
En una época en la que la celebridad en el cine parecía algo exclusivo de las estrellas, él consiguió que los directores llegaran a gozar de tanta popularidad entre el público como los actores. Grueso, calvo y poco agraciado, hizo de su perfil todo un símbolo del cine de suspense, género que dominó como nadie utilizando un estilo que fascinaba a los espectadores. Un mago del cine que siempre guardaba algún recurso en su chistera con el que mantener en vilo a la audiencia durante la proyección de sus largometrajes.
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